lunes, 1 de agosto de 2016

La entrega de la maternidad.


Siempre que supe que quería ser dueña de mi tiempo, que por mi carácter difícil quería ser jefa para mandar y exigir cómo hacer las cosas. Nunca me imagine como empleada de alguien o sujeta a un horario de trabajo donde rendirle cuentas a otras personas. Imaginé mi vida siendo una profesional exitosa, viajando por el mundo.

Cuando estuve embarazada de Melquíades él ocupaba parte de mi tiempo consciente, patadas, antojos y al final del embarazo no poder dormir, pero yo seguía siendo ama y señora de mis actividades. Cuando nació monopolizó mi tiempo, mi cama, mis comidas, mi ropa, mis hobbies. Hacer colecho para establecer un vinculo seguro, darle lactancia exclusiva y ha demando después de casi dos años, no poder ponerme una blusa o un vestido sin pensar antes "podré amamanta?", comer todo frío porque él quiere jugar conmigo o quiere comerse lo mio, ensuciarme siempre, no ir al cine durante 9 meses porque él era muy pequeño o perderme casi toda la cartelera por no querer dejarlo unas horas con sus abuelos. De la maternidad se dicen muchas cosas, desde que somos unas romanticas sin vida hasta el descuido y la irresponsabilidad.

Hace poco escuche a una señora decir que los niños se tienen que adaptar al mundo y no el mundo a ellos. Mi mundo es mi hijo, todo gira en torno a sus deseos, sus comidas, su sueño, sus juegos. La casa se transformo en un lugar seguro, a prueba de bebes, donde nada que pueda quebrarse este a su alcance, donde hay juguetes por toda la casa, comida tirada, pañales en cualquier lugar, zapatos de bebe en el carro, manchas en las paredes, colores y plastilina en el piso. Mi casa, a veces, es un caos y me gusta. Mi mundo se adaptó a él. Él me adapto a mí en una persona empatíca, amorosa, cariñosa, paciente, comprensiva.

Mi hijo no son una o dos horas de felicidad y juegos al día; él es a veces llanto, a veces risas, a veces me ignora, a veces me ama, a veces no me quiere cerca. Él puede ser muchas cosas en un solo día, incluso un pato, un dinosaurio, un gato o un PawPatrol; sin duda siempre es él mismo, risueño, voluntarioso, inteligente, amoroso, tierno, impaciente, gritón.

Disfruto que mi vida se haya transformado alrededor de él, eso me "obligó" a ser mi jefa y dueña de mi tiempo, a ser creativa y generar mi propio ingreso. Pensar en que vaya a guardería me duele en el alma, no porque esté mal, sino porque no quiero estar lejos de él. Se que al leer esto algunas personas dirán "pero y tu vida? Tu hijo es un ser aparte, que pasará cuando se vaya?" Afortunadamente para eso faltan al menos como 16 años, o eso espero. Sé que mi hijo es un ser independiente de mi y le estoy tejiendo alas para que cuando llegue el momento pueda volar libre sin mirar atrás, por eso ahora mi mundo gira entorno a sus risas y sus llantos. He decidido mi maternidad, la idealice y la estoy llevando acabo.
Soy terapeuta, mi consultorio está en casa, consultó solo dos o tres veces al día en el horario que yo establecí para poder estar con mi hijo todo el día. Mi esposo dejo el trabajo esclavizante de la maquila para poder construir lo que él deseaba para vivir, para no tener que llegar a las 6pm todos los días y darse cuenta que su hijo creció y él nunca estuvo ahí. Muchas personas dijeron que íbamos a batallar, nos dijeron locos y hasta irresponsables; pero pocos tienen la dicha de ESTAR en la vida de sus hijos como papás y mamás presentes y activos. Conocemos todas las caras de nuestro hijo, lo traducimos y lo sentimos.
Mi vida se adaptó para que él pueda ser libre, pues soy yo junto a su padre la guía que necesita para ser feliz. Amo ser su madre y que él sea mi hijo y maestro de vida. Melquíades me enseño la importancia de la entrega, el dar por dar. Ser su mamá no ha sido un sacrificio, ni doloroso, cada día a su lado es un placer. Y como en todo, hay días buenos y otros malos, ambos somos seres humanos y tenemos nuestro carácter, pero recuerdo que soy su ejemplo, que soy su guía y mis acciones lo marcaran siempre, por eso cuando esta molesto lo abrazo y le digo que esta bien enojarse, le pregunto si puedo darle un beso y casi siempre me dice que si, a los 5min ya no se acuerda de su enojo y vuelve a jugar. No quiero convencer a nadie que ser mamá es lo mejor que les puede pasar en la vida, aunque es una frase que he repetido a varias personas. Para mí, ser mamá de Melquíades es lo mejor que pudo haber sucedido. Me cambio en una mejor persona poque he podido sanar mis propias heridas de infancia, mis heridas emocionales para poder ser una persona completa, entregada y al servicio de quien me lo ha solicitado.

Estar al lado de mi hijo no ha sido sacrificar nada, he dado conferencias con él en brazos, lo he amamantando frente a un publico lleno de adolescentes mientras hablo de los roles de género. Mi hijo esta presente en todos mis procesos creativos y me ayuda a llevarlos acabo. Debo reconocer que gran parte de mi maternidad se la debo al gran equipo que formamos mi pareja y yo. Es un papá completo, presente y amoroso que ha estado dispuesto a modificar su propia crianza (tal como yo) para poder criar con amor.

Me siento orgullosa de poder elegir salirme del sistema de horarios, jefes, salarios, reglas y rutina; para crear nuestra propia realidad. Ojalá mas familias se animaran a hacerlo, ojalá dejáramos de pensar que el mundo es solo para los adultos, ojalá entendiéramos que en esta sociedad somos muchas personas de todas las edades, ojalá nuestras vidas se transformaran tanto al tener hijxs que nos impulsen para cambiar la realidad que vivimos y hacer un mundo mejor. Ojalá...